El Legado Económico de Calderón

El presidente Calderón se reúne con dirigentes de las principales corporaciones del mundo en el Foro Económico Mundial, Davos, en febrero del 2012.

El legado económico de Vicente Fox fue bastante mediocre a pesar de haber consolidado la estabilidad macroeconómica que heredó de Ernesto Zedillo.  El crecimiento promedio del sexenio de 2,1 por ciento anual (el peor de todos salvo el de Miguel de la Madrid de 1983-1988) casi le costó las elecciones al PAN en 2006.  No obstante, Felipe Calderón prometió llevar a cabo las reformas que no pudo concretar Fox y dijo que si ganaba sería el presidente del empleo.  Había esperanzas renovadas ya que en 2006 el PIB creció 5,2 por ciento y la inflación promedio fue la más baja de los últimos 37 años.  Sin embargo, el balance final sugiere que los resultados de este sexenio ni siquiera podrán igualar los del sexenio anterior.
Para comenzar, el promedio de crecimiento de los primeros cinco años de Calderón apenas llega a 1,5 por ciento.  Esto significa que el PIB tendría que crecer 5,2 por ciento o más en 2012 para superar el porcentaje de Fox.  Dado que la expectativa actual se ubica muy por debajo de 4 por ciento, es casi un hecho que el desempeño de la actividad económica del sexenio será menor a la de su antecesor.  De cumplirse el consenso actual para este año, Calderón terminará con un avance promedio de 1,8 por ciento.
México ha tenido una crisis/recesión en cada uno de los últimos siete sexenios.  Si bien es cierto que las recesiones de Fox y Calderón se derivaron de entornos externos desfavorables mientras que todas las anteriores fueron resultado de errores de políticas internas, los números que dejan son los peores para cualquier periodo anterior de 12 años. Sin lugar a dudas, el legado de Calderón quedó severamente dañado ante la envergadura de la gran recesión de 2008.  Sin embargo, el crecimiento económico promedio de sus seis años es de los peores de toda América Latina, aun si no tomáramos en cuenta ese año.
La parte positiva ha sido la consolidación de la estabilidad macroeconómica, que se refleja en tasas de inflación bajas, equilibrios externos y fiscales, una mayor acumulación de reservas internacionales y un tipo de cambio flexible que ya ha funcionado muy bien para contrarrestar los embates externos. Sin embargo, no se pueden pasar por alto algunas debilidades preocupantes que podrían ser fuente de problemas futuros. En especial, la situación fiscal es menos favorable de lo que aparenta en una primera lectura.
En 2006, el último año de Vicente Fox, se aprobó la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria con el fin de obligar al Ejecutivo Federal a presentar presupuestos equilibrados. Aunque fue una buena primera aproximación hacia la responsabilidad fiscal, tenía serias limitaciones que todavía permitían al gobierno  sostener déficits crónicos, en especial al aplicar el concepto de equilibrio fiscal al balance económico y no a los requerimientos financieros totales del sector público.  Desafortunadamente, en 2008 se modificó la ley para no contabilizar las inversiones de Pemex en el balance en cuestión.  Por lo mismo, el gobierno puede ahora registrar un déficit relativamente grande (mayor a 3 por ciento del PIB), pero presentarlo al público como si fuera equilibrado.  Este cambio permitió al gobierno registrar un déficit primario en sus finanzas después de haber inscripto superávits por 20 años.  El resultado es que la deuda pública (como porcentaje del PIB) dejó de registrar una tendencia a la baja y ahora ha mostrado incrementos en los últimos cuatro años consecutivos.
Calderón tampoco terminará su sexenio con números muy favorables en términos de empleo y desempleo. Los casi 1,7 millones de empleos adicionales registrados en el Seguro Social en los primeros cinco años han sido insuficientes para revertir la tendencia al alza en la tasa de desocupación, después de haber registrado tasas bajas históricas en el 2000.  La mayor parte de los empleos generados han sido en el sector informal y de muy bajos ingresos.  Por lo mismo, se ha visto un deterioro en los niveles de pobreza y un estancamiento en la distribución del ingreso.
Los números tan bajos de crecimiento económico han llevado a muchos a preguntarse por qué México no puede crecer.  Una de las respuestas que más se escucha ha sido la falta de reformas estructurales, como la laboral, la energética, la fiscal y la política, a pesar de que se han aprobado reformas en casi todos los rubros en el sexenio.  El balance de las iniciativas aprobadas es que la mayoría se han quedado cortas en relación a lo que se necesitaba, mientras que algunas incluso han representado pasos hacia atrás.
¿Qué es lo que necesita México para retomar la senda del crecimiento sostenido, generar más empleos y volverse más eficiente y competitivo?  En primer lugar, México ya no puede darse el lujo de experimentar más crisis/recesiones, que es lo que más impide cualquier avance. En segundo lugar, necesita un sistema político más funcional, que permita aprobar reformas y avanzar en los caminos correctos. Si seguimos experimentando crisis y se mantiene la democracia disfuncional, México no podrá presumir mejores números.

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