ContraPunto: Vete al sur, Joven
John Price | may 30, 2012 | Comentarios 0
Hace 20 años cuando puse rumbo al sur por primera vez, hacia México, para iniciar mi carrera latinoamericana llené el último tanque de combustible estadounidense en El Paso. El jefe de la gasolinera, un viejo tejano, cuando supo que me mudaba a México, sarcásticamente murmuró “elegiste el camino equivocado, muchacho, todos se están viniendo para acá”. Cómo cambian los tiempos. Si las estimaciones son precisas, 2011 fue el primer año desde la década de 1970 en que más gente regresó a América Latina que la que abandonó la región.
Qué lleva a la gente a desarraigarse e irse a vivir a otro país es una combinación de zanahorias y palos. Brasil es el país que agita hoy la zanahoria más grande. La presidenta Dilma Roussef ha reformado una política cerrada sobre la inmigración y en su gestión ya se emitió un número récord de visados para profesionales altamente calificados estadounidenses, chinos y europeos. En el 2011 se emitieron 51.353 visas, un 30 por ciento más que en el año anterior. Brasil está despegando y para ser anfitrión de la Copa del Mundo de Fútbol y las Olimpíadas debe construir infraestructura por US$500.000 millones de dólares. Pero la baja producción brasileña de graduados en ingeniería es insuficiente, así que debe importar talento. La refrescante bocanada de humildad detrás de la política brasileña también incluye enviar a 100.000 estudiantes de universidades brasileñas a las principales facultades de ciencia e ingeniería del mundo durante un año para capacitarse.
Esta decisión de Brasil de abrazar repentinamente el talento extranjero se produce en un momento oportuno, cuando trabajadores especializados europeos (especialmente españoles y portugueses) y estadounidenses están fuera del mercado laboral y/o frustrados por la falta de movilidad profesional en sus países. El programa de Brasil fue concebido para atraer a jóvenes graduados universitarios solteros, de 30 años, con una experiencia laboral de 5-10 años. Los postulantes están respondiendo en masa pero aparentemente más de la mitad abandona el intento cuando se enfrenta a la lenta y costosa burocracia para la obtención del visado.La oportunidad económica es lo que mueve a la mayoría de los emigrantes latinoamericanos. Cuando dos economías con diferente nivel de desarrollo comparten una frontera, los trabajadores no calificados del vecino más pobre encontrarán el camino para obtener trabajos mejor pagos en su vecino más rico. Alrededor de 1 millón de haitianos viven hoy en la República Dominicana, trabajando en los campos, estacionando automóviles o lavando vajilla. Los campesinos colombianos son los que le siguen en cuanto a nivel de desplazamiento -aunque en un número menor que en el pasado- hacia Venezuela, en cuyas granjas encuentran mejores salarios. Unos 40.000 nicaragüenses viven en Costa Rica, donde el ingreso per cápita (y los sueldos) son cuatro veces más altos que en su país natal.
Pero el mayor imán para los trabajadores rurales indocumentados es la Argentina. El 14 por ciento de la población argentina es extranjera, frente al 13 por ciento de Estados Unidos y el 1 por ciento de Brasil.
El país que hoy empuña el palo en lo que hace a la migración continental es Estados Unidos. En el 2011 el gobierno de Obama deportó a unos 200.000 mexicanos, más que durante cualquier otra presidencia estadounidense en la historia. Otros 400.000 mexicanos volvieron a su terruño por voluntad propia, siendo parte de ese conjunto trabajadores temporales, jóvenes (la mayoría) frustrados porque no pueden encontrar un trabajo decente en Estados Unidos, así como las familias y seres queridos vinculados con los deportados.
Los más de 600.000 mexicanos que pusieron rumbo al sur más o menos equivalen a los 600.000 que trataron de ir hacia el norte, pero a un tercio de ellos los guardias estadounidenses en la frontera no les permitieron cruzar. Ese número de los que tratan de entrar en EEUU sigue contrayéndose y no es por los mayores controles. EEUU perdió más de 200.000 trabajadores migratorios de los que atrajo.
Quizás ya sea tiempo de que Washington reduzca el abultado presupuesto destinado a la seguridad fronteriza. Para todos, este nuevo y desafiante mundo exige una forma de pensar diferente, desde las políticas de inmigración hasta las de proyección de negocios.
John Price es director ejecutivo de Americas Market Intelligence. Tiene 20 años de experiencia en consultoría de inteligencia competitiva y estrategia en América Latina. jprice@americasmi.com.
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