En busca del tango

Irina Rubenski vive en la Argentina desde hace 32 años y recibe turistas rusos. Confirma la tendencia que se ve en la región y lo atribuye a la misma causa “durante tantos años en la Unión Soviética estaba todo cerrado, todo prohibido y ahora que pueden, salen” a recorrer el mundo.

Los rusos que llegan a la Argentina lo hacen como simples turistas y no por tener lazos familiares. Irina dice que prefieren las cataratas del Iguazú o los glaciares del extremo sur, de El Calafate, se quedan algunos días por Buenos Aires, y es habitual que en el recorrido incluyan  algún otro país sudamericano o incluso la Antártida, a pesar de ser un viaje costoso.

“Muchos vienen para fin de año, aunque sea más caro. Descubren Buenos Aires y les gusta”, comenta. “Mis turistas vuelven”, agrega satisfecha.

Según los datos de la Secretaría de Turismo, el turismo ruso prácticamente se duplicó en 3 años,  aunque las cifras que se manejan en la América austral distan de los abultados números de República Dominicana. En el 2007 ingresaron al país 3.600 turistas procedentes de la Federación Rusa, cifra que salta a 8.093 en el 2011. Fuentes del sector también lo atribuyen a que en el 2009 se eliminó el requisito de visado entre ambos países.

 

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