Turismo ruso en américa latina
David Agren | may 30, 2012 | Comentarios 0
CIUDAD DE MÉXICO – Armina Wolpert siempre vio el potencial de México como un destino para el turista ruso a pesar de la falta de vuelos directos y las grandes distancias entre Moscú y Ciudad de México: nueve husos horarios para ser precisos.
Pero la distancia fue apenas el principio de sus desafíos para abordar un floreciente mercado de potenciales turistas. La operadora turística, con sede en Cancún, vio pocos resultados en los primeros años pero siguió promoviendo México en las ferias de turismo y entre las agencias mayoristas anticipando que los rusos, imposibilitados de viajar libremente durante décadas de régimen comunista, estarían deseosos de ver el mundo en cuanto pudieran.
No fue sencillo para Wolpert. Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2011 fueron una dificultad, la tibia respuesta de los funcionarios mexicanos de turismo, otra. En el 2006, sólo 1600 rusos visitaron México según la Secretaría de Turismo. Luego estalló la violencia del crimen organizado y el narcotráfico en ciertas partes del país, lo que generó ensangrentados titulares sensacionalistas. El brote de la fiebre porcina H1N1 en el 2009 empeoró las cosas, junto con la desaceleración económica que afectó duramente tanto a Estados Unidos como a México.
Pero el esfuerzo fue compensado y con creces. Los rusos ahora llegan a México en número récord. Su presencia se destaca en Cancún y la Riviera Maya a través de los avisos solicitando empleados que hablen ruso, las clases de ruso que se ofrecen a los trabajadores del sector turístico y la llegada de vuelos regulares al aeropuerto de Cancún de las aerolíneas rusas Aeroflot y Transaero.
“Ha sido una locura”, dice Wolpert respecto del volumen de trabajo en su empresa, Armina’s Travel, en la última temporada alta.
Los turistas rusos forman parte de un nuevo auge del turismo extranjero en México, con visitantes que llegan de países con economías de mercado, entre los que se incluyen Brasil, Perú y Colombia.
Esto se produce también en momentos en que Estados Unidos se ha vuelto inconstante como fuente de turistas, lo que hace más valiosa aún para los funcionarios mexicanos del sector la diversificación del turismo que llega al país. En 2011 visitaron México 22 millones de extranjeros y el gobierno se fijó una meta de crecimiento que llega a los 50 millones para el 2018. En este esquema, el turismo procedente de países como Rusia es importante para llegar a esa meta y compensar cualquier baja de los visitantes estadounidenses.
“Queremos seguir siendo un destino prefe-rencial para canadienses y estadounidenses pero también queremos reducir la dependencia de un solo mercado”, dice Ricardo Anaya, Subsecretario de Planeación Turística de la Sectur en Ciudad de México. “Queremos abrirnos al mundo”, dijo el funcionario a Latin Trade. La actividad turística representa el 9 por ciento del PIB mexicano.
Según las estadísticas de Sectur, 54.000 rusos visitaron México en el 2010 y el número escaló el 55 por ciento en el 2011. También aumentó el turismo brasileño –el 66 por ciento el año pasado- impulsado por un real fuerte y una reducción de las restricciones de visado mexicano. El número de peruanos y colombianos que visitó México el año pasado aumentó el 37 y el 22 por iento respectivamente, y la cantidad de canadienses que volaron hacia el sur de vacaciones también subió el 7 por ciento.
Estos arribos compensan una declinación del mercado estadounidense, donde en los últimos años se redujo el número de personas que realizó viajes al exterior. Anaya dice, no obstante, que México está ampliando su participación en un mercado que se achica.
La creciente percepción de los turistas estadounidenses de que destinos como Cancún y su entorno -que incluye el estado de Yucatán, donde la baja tasa de homicidios es similar a la de Canadá- están lejos de la violencia de Ciudad Juárez también ayuda.
Por otra parte, la cantidad de turistas que llegaron vía aérea aumentó apenas el 2 por ciento en el 2011 y el número de cruceros que atracó se redujo en un 15 por ciento. “Creemos que existe una brecha entre la realidad y la percepción”, dice Anaya.
Wolpert, por su parte, no se encuentra con este tipo de problemas de imagen en Rusia. La mayoría de los turistas rusos considera “exótico” a México y, en consecuencia, atractivo, y las historias de violencia no los asustan. Para
ellos, los problemas de México parecen menos serios, en comparación, que las inundaciones de Tailandia del año pasado y las revoluciones que barrieron el Medio Oriente, explica la operadora turística, refiriéndose a los destinos tradicionales del turismo ruso.
Los rusos también se muestran muy excépticos respecto de lo que aparece en las noticias.
“Cuando el mercado estadounidense dice ‘es peligroso’, los rusos opinan ‘lo que es peligroso para un gringo está bien para nosotros’”, relata Wolpert. “Esto es una gran ventaja”.
Recuerda que en los seminarios que dio en Rusia nunca le preguntaron sobre la seguridad en México, mientras que sus colegas que trabajaban en el mercado estadounidense eran bombardeados con esas preguntas.
Cómo llegó México al mapa turístico de los rusos sigue siendo un interrogante, pero Wolpert y otros expertos del sector le dan crédito a una ofensiva del gobierno mexicano que incluyó viajes a la Federación Rusa de la Secretaria de Turismo Gloria Guevara y la simplificación del procedimiento de visado. El cambio de reglamentaciones en el 2010 permitió que cualquiera que tenga una visa estadounidense ingrese en el mercado mexicano. Aparte, los visados de turismo para México se pueden obtener por Internet en unos pocos minutos, agrega Wolpert.
El turismo ruso visita otros destinos además de Cancún. El Four Seasons Hotel México, DF, recibe un creciente número de turistas rusos que, según dice Patricia Ortiz, gerente de ventas y marketing, buscan el alojamiento más caro y piden servicios exclusivos como gastronomía especial y cenas finas. “¡Ojalá tuviéramos más visitantes rusos!”, exclama.
¿Turistas distintos?
De muchas maneras, los rusos, al igual que los brasileños y otros viajeros procedentes de mercados emergentes, constituyen grupos atractivos para el sector de turismo. Una de las razones, es que tienen estadías más prolongadas: 11 días en promedio, contra los cinco días que pasa en México un estadounidense o canadiense, dice Jesús Almaguer, presidente de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Cancún.
Los rusos gastan más: US$1.000 diarios, más del doble de lo que gasta un turista estadounidense.
“Les gusta gastar”, dice Almaguer, y agrega que compran de todo, desde sombreros mexicanos hasta joyas.
No obstante, el visitante ruso es difícil de encuadrar en un estereotipo. La expatriada canadiense y residente de Cancún Kelly McLaughlin dice que les encanta hacer cosas distintas y los encuentra en lugares insólitos, como a la vera del camino en un puesto de tacos. Igualmente, son muchos los que prefieren el lujo.
Wolpert dice que sus clientes alquilan todoterrenos para ir a Chichén-Itzá con un guía y se gastan US$1.000 en una excursión.
Los viajes a México pueden costar tanto como una recorrida por Europa, pero muchos rusos llegan con los bolsillos llenos y pueden volverse exigentes, algo que ya percibieron los hoteleros de la región.
“Junto con el brasileño, es el mercado más activo”, dice Servio Serra, gerente del Hotel Ritz Carlton Cancún.
Serra advirtió el flujo de turismo ruso que comenzó a llegar a la lujosa cadena en la última década, pero el fuerte incremento sobrevino con los cambios en los requisitos mexicanos de visado que se introdujeron en el 2010.
“Ese fue realmente el catalizador que desató todo esto”, explica. Desde el 2008, el porcentaje de huéspedes estadounidenses en el hotel declinó desde un 80 u 85 por ciento de la clientela hasta el 75 por ciento en la actualidad.
Con un poco más de esfuerzo, ese porcentaje seguirá bajando en los próximos años. Wolpert está trabajando para garantizar que así ocurra.
Ahora está promoviendo México en Ucrania y con éxito, anticipa. Y tiene otra potencial mina de oro esperando: Kazajstán.
“Kazajstán tiene mucho potencial”, dice Wolpert.
“Deme un año, y tendremos mucha gente procedente del Kazajstán”.
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