La década perdida de PDVSA

Rafael Ramírez, ministro venezolano de Petróleo y Minería y presidente de la estatal Petróleos de Venezuela, presenta el informe anual de resultados en Caracas. | Foto: AFP/Getty Images

CARACAS – Rafael Ramírez, presidente de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), tenía muchos motivos para sonreír cuando anunció, en abril, los resultados de 2011 de la compañía.

Los ingresos crecieron 31 por ciento a US$124.800 millones durante el año, en tanto el ingreso neto se disparó 43 por ciento a US$4.600 millones, informó Ramírez. Los
resultados fueron lo suficientemente buenos como para colocar a PDVSA en el segundo lugar en la lista de las mayores compañías de la región que elabora Latin Trade, justo detrás
de Petrobras.

“Pocas empresas en toda Latinoamérica tienen ese nivel de ingresos”,  alardeó Ramírez, que es también ministro de Petróleo y Minería.

PDVSA cuenta con una ventaja que ninguna otra empresa de energía puede superar: tiene acceso a las mayores reservas de petróleo del mundo. Las reservas petroleras probadas de Venezuela suman cerca de 300.000 millones de barriles, y superan, incluso, a las de Arabia Saudita.

Sin embargo, la compañía ha estado lenta para desarrollar estas riquezas. Y aunque sus ventas y balance final crecieron el año pasado, el avance se debió exclusivamente a un aumento de 39 por ciento en el precio de la cesta de crudos y subproductos del petróleo que comercializa el país. Si los precios hubieran permanecido invariables, o hubieran bajado, los resultados de la empresa habrían sido muy diferentes. Y es allí donde está el problema, dicen los analistas.

“PDVSA es una compañía en crisis”, señaló Fernando Sánchez, vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo. “En los últimos diez años no han podido aumentar la producción. Sus refinerías están operando al 69 por ciento de su capacidad y hay un déficit en la producción de gas natural”.

Aunque la compañía sostiene que su producción es de 2,9 millones de barriles por día, la mayor parte de los analistas y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no concuerdan y calculan la producción en cerca de 2,4 millones de barriles diarios. Esta cifra es casi una cuarta parte inferior al nivel de producción que tenía la empresa cuando el presidente Hugo Chávez asumió el cargo en 1999.

Y la declinación o estancamiento de la producción ocurrieron a pesar de que tanto la plantilla como la deuda financiera se dispararon.     La compañía, cuya producción representa más de 90 por ciento de las exportaciones del país y cuyos ingresos financian la revolución socialista de Chávez, emplea ahora más de  121.000 personas, cinco veces más que desde la huelga de 2002-2003. La deuda bancaria ha crecido a US$32.500 millones, cerca de 10 veces más que la que tenía en 2008.

© iStockPhoto

“Hasta ahora, el alza en los precios del petróleo ha compensado la declinación de la producción petrolera’’, dijo Pietro Pitts, que encabeza Latin Petroleum, una consultora de petróleo de Caracas. “La compañía parece estar conforme con el compás de espera en este momento’’. Ramírez no respondió a repetidos pedidos de una entrevista.

Los detractores dicen que parte del problema de PDVSA es que Chávez ha desviado gran cantidad de recursos de la compañía a sus programas sociales. La petrolera ahora maneja y financia muchas de las llamadas misiones sociales del país, socavando la atención que debía prestar a sus negocios centrales de petróleo
y gas natural.

El año pasado, PDVSA iba a destinar US$17.900 millones a inversiones petroleras y de gas natural. Sin embargo, ese monto se vio reducido por las donaciones de la compañía de US$4.000 millones para el programa gubernamental de viviendas, US$11.600 millones para programas sociales y US$14.500 millones para un poco transparente fondo gubernamental de desarrollo, que ha sido usado para comprar aviones cazas rusos.

PDVSA supervisa muchos de los proyectos favoritos de Chávez, que van desde la agricultura a las viviendas populares e importaciones de alimentos. Cerca de 15 por ciento de la fuerza laboral de la empresa está ahora dedicada a emprendimientos ajenos a la energía.

Para empeorar las cosas, la compañía ha descuidado el mantenimiento y conservación de su planta física, sostiene José Bodas, secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV), uno de los mayores sindicatos petroleros de PDVSA.

Los apagones siguen plagando las cuatro principales refinerías locales de la compañía, lo que provocó déficits de producción, obligando a PDVSA a aumentar sus importaciones de gasolina y componentes de este combustible de Estados Unidos, entre otros países.

“La compañía no está invirtiendo lo suficiente en mantenimiento”, agregó Bodas, quien afirma que cerca de 70 empleados han muerto en accidentes industriales desde 2004. “Los nuevos trabajadores no han sido apropiadamente capacitados o equipados”.

PDVSA planea aumentar la producción a 4 millones de barriles para 2015, y 6 millones de barriles para 2019, señaló Ramírez meses atrás. Buena parte de la nueva producción está destinada a China, donde la empresa ha anunciado planes para construir hasta tres nuevas refinerías. Actualmente, las refinerías chinas no pueden procesar el petróleo venezolano más pesado, que representa el grueso de sus exportaciones petroleras. “Tendrán suerte si pueden acrecentar la producción a 4 millones de barriles por día para 2018”, dijo Sánchez. “Anunciaron el mismo objetivo de 6 millones de barriles por día en 2006 y 2012”.

La principal esperanza de PDVSA para aumentar la producción está en la Faja, una gruesa franja de petróleo extra pesado que corre a lo largo de la ribera norte del río Orinoco. Se calcula que la Faja contiene hasta 250.000 millones de barriles de crudo recuperable. El petróleo, que posee la viscosidad del alquitrán, es fácil de extraer pero debe ser refinado hasta lograr una mejor calidad antes de procesarse y exportarse.

“La Faja es el futuro de Venezuela”, pronostica Pitts. “Sin embargo, no se están moviendo rápido para desarrollarla, parece estar paralizada. La producción allí no ha crecido en absoluto”.

Para agravar las preocupaciones de los analistas, Chávez nacionalizó cuatro proyectos de petróleo pesado en 2007, lo que condujo a ExxonMobil y ConocoPhillips a dejar el país. Aunque otras compañías como Chevron, Total SA y Repsol siguen allí, Chávez limitó las nuevas inversiones en empresas privadas, favoreciendo en cambio acuerdos con petroleras estatales de China, Bielorrusia, Vietnam, Cuba y Uruguay.

Muchos de estos nuevos socios no tienen experiencia en petróleo pesado y carecen de la tecnología necesaria. En algunos casos, les faltan los recursos financieros como para desarrollar sus yacimientos.

Otro obstáculo es la necesidad de que PDVSA construya más refinerías específicas  para procesar su petróleo pesado y poder venderlo. Cada una de estas refinerías especiales cuesta miles de millones de dólares, y ese es dinero que al parecer la empresa no posee.

Además, las compañías privadas que cuentan con el respaldo financiero y la experiencia necesarios, como Repsol y Chevron, lidian ambas con problemas regionales en este momento, lo cual las distrae de sus esfuerzos, añadió Pitts.

“Repsol tiene sus cuestiones en Argentina, en tanto Chevron enfrenta problemas en Brasil”, explicó. “Eso significa que no se están centrando tanto como podrían en Venezuela”.

Además de la lentitud para aprovechar sus reservas de petróleo pesado, Venezuela ha hecho pocos avances en el desarrollo de sus reservas de gas natural, que son las mayores de Sudamérica. El país sigue importando gas natural de la vecina Colombia para compensar un déficit del insumo. Al mismo tiempo, la escasez de gas para cocinar persiste en muchas partes del país.

Tomados en conjunto, estos problemas dejan a la compañía con poco para celebrar, dijo Sánchez. Y agregó, “Los últimos diez años han sido la década perdida de PDVSA”.

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