Molinos, con la mira en el largo plazo

La mayor compañía de alimentos de Argentina se ha preparado para un crecimiento de largo plazo mediante la diversificación, un furor de compras y una sólida administración. Pero en el corto plazo abundan los riesgos.

Puerto San Benito | Foto: Gentileza de Molinos

BUENOS AIRES – Molinos Río de La Plata, la mayor compañía de alimentos de Argentina, es una de las favoritas de los analistas bursáti-les, que elogian su sólida administración, su diversificación hacia las materias primas y una serie de nuevas adquisiciones como los motivos del constante aumento de las ventas en los últimos diez años.

Ahora que la inflación y las nuevas medidas cambiarias empañan el horizonte, los expertos dicen que estas mismas políticas —junto con una probada capacidad para aumentar las ventas— mantendrán a la compañía en terreno estable por bastante tiempo.

Lucchetti | Foto: Gentileza de Molinos

Las cifras de ventas de la marca Lucchetti que posee la compañía ilustran este punto.

Después de años de comercializar conservadoramente la marca de pasta, arroz y sopa, Molinos trabajó con una agencia de publicidad en una renovación que llevó al lanzamiento de la campaña Mamá Lucchetti en 2009.

La campaña muestra personajes animados, escenas graciosas y pegadizos jingles. Los niños la incorporaron rápidamente, conquistados por Diana Arroz y otros miembros de la original familia de personajes bajitos, de enormes ojos y sin nariz.

La nueva táctica valió la pena. La cuota del mercado de pasta seca que tiene Lucchetti se disparó a 14,2 por ciento en 2011 desde 11,8 por ciento en 2008, en tanto su participación en el mercado de sopas casi se duplicó a 14,9 por ciento a lo largo del mismo período, según ACNielsen, la firma de investigaciones de mercado.

La fortaleza de Lucchetti y otras marcas como Don Vicente y Matarazzo ayudó a la compañía a aumentar las ventas totales en términos constantes de dólares un 12 por ciento en 2011, a US$2.970 millones, desde US$2.650 millones un año antes.

Pero no todas las noticias son buenas.

“Nuestra proyección es que será un año que tendrá sus complejidades, sobre todo por la situación internacional”, dijo a Latin Trade Amancio Oneto, gerente general y presidente ejecutivo de Molinos.

Argentina, un importante mercado de producción para Molinos y que representa también un 30 por ciento de sus ventas, se está volviendo un ambiente más desafiante, y ha creado incertidumbre respecto del futuro de corto plazo de la compañía. La inflación es alta y la economía se está estancando. Estimaciones privadas muestran que los precios al consumidor subieron más de un 20 por ciento en 2011 y la tendencia se está acelerando este año.

Por otra parte, se espera que la moneda local se deprecie contra el dólar entre un 13 por ciento y un 14 por ciento este año, frente a 8,3 por ciento en 2011.

En el caso de Molinos, estos problemas económicos condujeron a un aumento de 29 por ciento en los costos en el año 2011, ya que se vio forzada a pagar más por todo, desde la mano de obra a los ingredientes y el combustible que necesita para procesar, empacar y distribuir sus alimentos. La ganancia de la empresa disminuyó 28 por ciento a 277,4 millones de pesos (cerca de US$64,5 millones en 2011). La declinación continuó en el primer trimestre de 2012, cuando la empresa registró una pérdida de 32,3 millones de pesos.

“El gran problema es que las ventas están perdiendo dinamismo en un ambiente muy inflacionario”, dijo Martina Gallardo, analista de Arpenta, una casa de bolsa de Buenos Aires. Esto está desacelerando las ventas totales en Argentina.

Los mismos factores también afectan a los mayores negocios de la compañía: sus ventas de biodiesel, granos, oleaginosas y ganado.

Las materias primas representan cerca de 70 por ciento de sus ventas totales, y 92 por ciento de ese ingreso se genera en mercados extranjeros.

El problema para Molinos es que gran parte de su producción se realiza en Argentina. Aunque los precios de las materias primas están altos —la soja, por ejemplo, alcanzó a US$515 la tonelada, frente a los US$110 de 2001—, los costos en el país se están disparando, señaló Gallardo. Esto, a su vez, socava los aumentos de precios.

La inflación argentina ha sido de dos dígitos desde 2007. Pero en años anteriores, Molinos podía trasladar los aumentos inflacionarios a sus consumidores locales e internacionales, ya que los salarios estaban subiendo al mismo ritmo, en una economía sólida. La economía argentina se expandió un promedio de 8 por ciento al año entre 2003 y 2011. Este año, sin embargo, se espera que el crecimiento se desacelere a 4 por ciento o menos.

Los economistas advierten que la economía podría incluso entrar en recesión en el segundo semestre de este año. No solo los salarios subirán más lentamente en 2012 —entre 15 por ciento y 20 por ciento, contra 30 por ciento a 35 por ciento el año pasado—, sino que además el poder adquisitivo de los consumidores y los costos corporativos se ven afectados por los más altos precios que cobran las empresas de servicios públicos, dicen. Este año, el gobierno empezó a elevar los precios del gas natural, la electricidad y el agua para las compañías y muchos hogares, perjudicando los márgenes de ganancias. Asimismo, los más altos costos tornan más difícil para Argentina competir en los mercados de exportación.

“La inflación se está comiendo el poder adquisitivo de los consumidores”, señaló Gallardo. “El negocio de las materias primas ha perdido márgenes de explotación a causa de los altos costos de la inflación”.

Peor todavía: este año, el gobierno empezó a restringir la compra de dólares, causando un debilitamiento del peso de un 30 por ciento en el mercado negro comparado con el tipo de cambio controlado por el Banco Central.

Esto ha aumentado las expectativas de una devaluación y, en consecuencia, las empresas están subiendo los precios, lo que alimenta más inflación todavía y reduce el gasto de los consumidores, explicó Alejandro Bianchi, analista de InvertirOnline en Buenos Aires.  “La alta inflación está sofocando las grandes ganancias de la compañía sobre el precio de la soja”, dijo.

Aun así, los analistas dicen que Molinos ha sido hábil para sentar las bases de un crecimiento a largo plazo, estrategia que se intensificó al entrar al negocio en 1999 la familia Pérez Companc, encabezada por Gregorio Pérez Companc, el hombre más rico de Argentina.

Gregorio, de 78 años, y otros miembros de la familia, adquirieron experiencia y acumularon fortuna en la banca y la industria petrolera, y desde fines de la década de 1990 y los primeros años de la del 2000 vendieron todos esos
sectores para concentrarse en Molinos.

Igualmente importante, según los analistas, es el hecho de que Gregorio es un sagaz hombre de negocios. “Es muy eficiente”, dijo Federico MacDougall,  consultor y economista de la  Universidad de Belgrano en Buenos Aires. “No es un empresario que gestione a la ligera una compañía. Con Molinos, tomó una empresa que estaba bien administrada y la administró mejor todavía”.

Fue bajo la dirección de Gregorio y otros miembros de la familia que Molinos, de 110 años de antigüedad, se expandió al extranjero y se sumergió en el negocio de las materias primas. También entró en nuevos negocios como el biodiesel y el vino. La compañía, con 16 plantas y siete centros de distribución, ahora exporta a más de 50 países, lo que la convierte en una de las mayores empresas de alimentos de Sudamérica.

El rimo de adquisiciones se ha mantenido constante mientras Molinos aplica una doble estrategia de desarrollo de marca y expansión en el mercado de las oleaginosas.  “Nuestra visión siepre ha sido el largo plazo”, señala Oneto.

“Nuestro proyecto inversor apunta claramente al largo plazo y a seguir generando sinergias entre nuestras dos áreas de negocios: marcas y graneles”, agrega.

El año pasado también se asoció con Lucini Italia, un fabricante italiano de comida gourmet, para comercializar aceite de oliva, condimentos, salsas, sopas y comida orgánica en Estados Unidos, con una inversión de US$8,5 millones por una participación de 49 por ciento, más una opción de adquirir el 100 por ciento. Esto siguió a una sociedad formada en
Argentina con tres compañías para invertir en la expansión de una planta de biodiesel en la provincia de Buenos Aires, donde Molinos puso US$11 millones.

Este año, compró una cuota de 25 por ciento en la empresa argentina Emulgrain, una productora de lecitina de soja y girasol, por US$2,5 millones. La compañía exporta la mayor parte de su lecitina como un emulsionante ampliamente usado para cocinar y para alimentación animal, así como en las industrias de pinturas, productos farmacéuticos y plásticos.

También este año, Molinos completó la compra de la empresa chilena Compañía Alimenticia de Los Andes al gigante chileno de los alimentos Grupo Carozzi con el objetivo de expandir las ventas de los caramelos, chocolates y galletitas Los Andes en Argentina. Para coronar estas operaciones, la compañía adquirió el productor de cerdo chileno Sipco por US$5 millones.

“Molinos es una compañía bien posicionada para un crecimiento de largo plazo”, observó Gallardo. “Ha comprado un montón de pequeñas compañías para expandir y diversificar sus negocios, y esto dará sus frutos en el largo plazo”.


 

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