Banco Santander y la vigencia de un relato

En España circula una leyenda urbana que asegura que a Emilio Botín, padre del actual presidente del Banco Santander, cada mañana, cuando iba a misa a la Catedral de Santander acompañado por su secretario, el mendigo de la puerta le pedía una limosna “por el amor de Dios”.

Don Emilio ni miraba al desgraciado. El secretario, atormentado por la escena diaria, un día le aconseja al mendigo que le pida dinero a Botín por la Virgen Santísima, de la que el banquero era devoto. El mendigo siguió el consejo y al día siguiente al ruego por “el amor a Dios” le agregó “y de la Virgen Santísima”. Al escucharlo, Don Emilio sacó una peseta del bolsillo y le dijo: “Con semejante aval, sí”.

La anécdota ilustra sobre el eje alrededor del cual gira el negocio financiero: la existencia de avales. “La bancarización hay que entenderla como el acceso de los ciudadanos a los servicios financieros, pero no es posible bancarizar a aquellas personas que están en la economía informal o por debajo de niveles de ingresos, que no justifican entrar en el proceso de ser cliente de un banco”, dice Javier Hidalgo, director general adjunto de la División América del Banco Santander.

Para el ejecutivo, no hay mejor aval que las nóminas de los clientes aunque  “entendemos que en la bancarización hay que dar un paso más. Quizás convenga utilizar el vocablo inclusión financiera, que es el acceso a los servicios financieros, sin que esto conlleve inevitablemente a ser cliente de un banco”, explica el directivo.

¿Cómo acceder a servicios financieros sin ser cliente? Hidalgo responde con tres ejemplos en los que el Santander está trabajando en América Latina.

“Se puede tener un crédito de consumo sin cuenta bancaria. Esto ya es realidad en Brasil o Colombia”. Otra opción es recibir ingresos, por ejemplo fondos de programas de ayuda gubernamental, en una tarjeta sin ser cliente de un banco y usar esa tarjeta como medio de pago o para retiros en efectivo.  Y finalmente, a través de redes de atención para no clientes. “Puntos de atención no estrictamente bancarios, pero con toda la seguridad del sistema financiero”, dice.

A pesar de los niveles de economía informal en los países emergentes, las cifras de 2012 del Banco Santander hablan de préstamos por US$ 192.000 millones y un volumen de negocios de US$445.000, cifras de las que son responsables 9 millones de clientes. Así las cosas, no pasa desapercibido un dato que viene a fortalecer, precisamente, la apuesta del banco por el crecimiento orgánico: Latinoamérica, que constituye tan solo el 19%  de los activos del Grupo, aporta el 52% de las ganancias.

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