El desafío de llegar a la población no bancarizada

Un mercado potencial de 400 millones de personas a la espera de buenas propuestas

Nadie sabe con exactitud cuánta gente no tiene acceso a servicios bancarios o lo tiene en forma limitada en Latinoamérica y el Caribe. Las estimaciones dan una cifra tan alta como el 70 por ciento –o sea, más de 400 millones de personas–, un enorme mercado de miles de millones de dólares en efectivo que ofrece grandes oportunidades para quienes sepan cómo llegar a él.

Las personas no bancarizadas, que no tienen acceso a los sistemas financieros tradicionales, suelen pagar sus facturas en efectivo y están obligadas a llevar consigo sus jornales o a dejarlos en casa –a menudo en vecindarios con una alta tasa de delitos– o a pagar elevadas tasas de interés si necesitan tomar dinero de prestamistas locales. Los que pueden abrir una cuenta y comprar a crédito, a los minoristas, por ejemplo, enfrentan de todos modos costosas tasas de interés la mayoría de las veces.

La gente que integra estos grupos –y no todos los no bancarizados son pobres– no vive cerca de una institución financiera, no confía en los bancos, no cumple con los requisitos mínimos para abrir una cuenta o no tiene un historial crediticio o activos que la respalden para obtener un préstamo.

En los últimos años, una cantidad de instituciones ha percibido el gran potencial que constituyen los millones de personas no bancarizadas y comenzaron a ofrecerles servicios de microfinanzas: vales, tarjetas de prepago o de valores depositados, pagos a través de teléfonos móviles y tarjetas recargables vinculadas a un celular para suministrar servicios financieros móviles. Las tarjetas de prepago, usadas mayormente como tarjetas de regalo en Estados Unidos, ofrecen la más amplia variedad de aplicaciones en Latinoamérica. Junto con la omnipresencia de los teléfonos móviles, otorgan significativas oportunidades para brindar servicios financieros a la población no bancarizada.

Los usuarios de estos productos pueden fácilmente abrir una cuenta básica en un comercio, kiosco, negocio de telefonía o sucursal bancaria (a menudo tan sólo con su documento de identidad), y luego usar la tarjeta y un teléfono móvil para pagar facturas. Según el servicio, también pueden transferir dinero, recibir remesas y hacer depósitos/extracciones en cajeros automáticos. Pagan una pequeña tarifa por cada transacción.

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Por ejemplo, NovoPayment, una compañía con sede en Miami y pionera en la oferta de tarjetas prepagas en Venezuela, lanzó recientemente la primera tarjeta recargable de prepago para los no bancarizados en Perú a través de su subsidiaria Servitebca Perú.

Los titulares de LATODO MasterCard reciben de un empleador depósitos directos en la tarjeta y pueden realizar compras en las tiendas o por Internet. También pueden retirar efectivo de los cajeros automáticos y, mediante teléfonos celulares, hacer transferencias y controlar su saldo. Las tarjetas pueden recargarse en más de 2.200 tiendas minoristas, farmacias y agentes bancarios de Interbank.

En Venezuela, Servitebca maneja las nóminas de compañías como McDonald’s, Atento y Burger King mediante tarjetas de prepago. El banco también reemplaza los vales de comida emitidos en papel por tarjetas plásticas recargables en otras grandes compañías venezolanas.

Citi (ex Citibank) ha lanzado tarjetas de prepago en Jamaica, Panamá y Trinidad  Tobago. Las compañías adheridas pueden usarlas para pagarles a sus proveedores, vendedores y empleados. El banco, que usa  tarjetas de prepago tanto de la marca Visa como MasterCard internacionalmente, planea expandir el programa a otros países. Citi tiene también una sociedad llamada “Transfer” con América Móvil, Banamex (propiedad de Citigroup) e Inbursa para ofrecer a los titulares de teléfonos celulares un sistema de pago de facturas y transferencias.

En Brasil, MasterCard y Telefónica crearon una sociedad que permite a los clientes de Vivo realizar transacciones financieras a través de sus teléfonos móviles.

Llegan los grandes bancos

Entre los socios de empresas que empiezan a explotar este enorme potencial están grandes bancos internacionales como Citi y Scotiabank, así como bancos nacionales y regionales como Itaú y Caixa Econômica Federal (Brasil), Banamex, Azteca y Banorte (México), Banco de la Pampa y Banco San Juan (Argentina) y Banco Nacional (Costa Rica).

Compañías especializadas como NovoPayment y Movilway juegan asimismo un papel esencial al suministrar plataformas y sistemas de pago. MasterCard y Visa, por su parte, ofrecen tarjetas de marcas ampliamente aceptadas, redes de comerciantes y procesamiento de pagos. Las compañías de telecomunicaciones como Telefónica y la mexicana Telecomm Telégrafos también están ingresando en estas actividades.

“Esta nueva clase media aspira a niveles de vida más elevados, y los servicios bancarios son parte de ello”, dice Fernando Iraola, responsable de Servicios Transaccionales de Citi para Latinoamérica y México.

En general, los bancos no trabajan directamente con las personas no bancarizadas, sino que se alían a socios, explica Neil St. Germain, subdirector general sénior de Speer and Associates, una consultora del sector financiero con sede en Estados Unidos.

Un acicate para llegar al mercado de los no bancarizados es el gobierno. “Los gobiernos quieren incluir a la gente en el sistema financiero, y otorgar tarjetas de efectivo para programas de asistencia en países como Brasil”, dice St. Germain.

Otro aliciente es la alta penetración de los teléfonos móviles en Latinoamérica que ofrecen a las instituciones financieras un vínculo con clientes potenciales, señaló St. Germain.        Según cifras publicadas por Bradesco en 2011, Brasil, entonces con una población 194 millones de habitantes, tenía 224 millones de teléfonos celulares.

“¿Cómo podemos llegar a los próximos mil millones de clientes en todo el mundo y a los próximos 10 millones de comerciantes?”, se pregunta desde sus oficinas en Miami Jürgen Wassmann, responsable regional de pagos emergentes para Latinoamérica y el Caribe en MasterCard Worldwide.

“Tradicionalmente, a través de la base urbana, pero hay una oportunidad en Latinoamérica para asociarse con operadores de redes móviles y llegar a clientes con acceso limitado a los servicios bancarios mediante tarjetas de prepago o de débito”, afirmó. “Los servicios financieros móviles son una conexión importante y pueden vincular ecosistemas financieros emergentes que se están desarrollando en la región”, sostuvo Rubio de Citi.

“Conectar los puntos y darles precios correctos a los sistemas y servicios conduce a un modelo de negocios rentable y sostenible”.

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