Las islas fantásticas para el comercio

Los países del Caribe tienen una población residente de 39 millones de habitantes y otra flotante de 27 millones de turistas y cuentan con el ingreso per cápita más alto de la región.

Tropical Caribbean Harbor, en las Bahamas. ©iStockPhoto.com/WerksMedia

Los países de la región con el ingreso per cápita más elevado no son Brasil o Argentina. Son tres islas caribeñas: las Bahamas, Trinidad y Tobago y Barbados. El ranking de la publicación Latin Business Chronicle muestra que Bahamas tiene US$24.300 anuales de ingreso por habitante, Trinidad y Tobago US$18.500 y Barbados US$16.900.

Si bien las cifras están lejos de los US$48.400 que reporta el Fondo Monetario Internacional para Estados Unidos, superan holgadamente los US$15.500 de Uruguay y los US$15.400 de Chile, los más ricos per cápita en América Latina continental.

De hecho el ingreso por persona de Bahamas casi duplica los US$12.500 de Brasil, más que dobla los US$11.400 de Argentina o los US$10.500 de México y casi triplica los US$8.100 de Colombia.

Parlatuvier Bay, en la costa norte de Tobago. ©iStockphoto.com/ImagesbyDebraLee

Las islas son tan relevantes en estas mediciones que cinco de las diez naciones más ricas en términos per cápita  son del Caribe. Las otras dos que completan la lista son Antigua y Barbuda con US$14.300 y Saint Kitts y Nevis con US$12.900 anuales por habitante.

¿Pero esos números son suficientes para hacerlas atractivas para las empresas exportadoras e inversionistas? Se podría pensar que no. Por un lado, porque sus economías crecen entre dos y tres por ciento al año y los pronósticos del Fondo Monetario indican que mantendrá esas tasas hasta 2015. Esta cifra no alcanza al promedio latinoamericano que ronda el 4%. Individualmente considerados tampoco son grandes. Barbados tiene 273.000 habitantes, Bahamas 345.000 y Trinidad y Tobago, una de las mayores, 1.350.000.

Pero el atractivo está en que las 7.000 islas, islotes y cayos del Caribe tienen más de 39 millones de residentes y una población flotante de 27 millones de turistas de ingresos igualmente elevados. En esas circunstancias, tomados en conjunto son muy interesantes.

Negociar en el Caribe tiene dificultades. El vicepresidente de la región norte de la multilatina de alimentos Nutresa, Alberto Hoyos, menciona algunas. Las diferencias de idioma impiden tener etiquetas iguales para todos los productos y los volúmenes reducidos obligan a consolidar los cargamentos. También hay barreras arancelarias y para-arancelarias serias. Los aranceles de Caricom van de 14 por ciento a 20 por ciento.

Paseo costero en Bridgetown, Barbados. ©iStockPhoto.com/achiartistul

Pero hay historias de éxito. Quienes las protagonizan optaron por atender toda la región y no solo un grupo reducido de islas. Saben que deben competir contra los productos de Estados Unidos y de Asia que son los más fuertes en la zona y lo hacen, por ejemplo, con entregas rápidas. Las empresas de Brasil, Costa Rica, México y Colombia, que son las que más participan en ese mercado, se convierten en bodegueros para los caribeños. Los isleños hacen sus pedidos de grandes volúmenes al Asia y aunque se tardan 45 días, consiguen precios bajos. Los faltantes se suplen desde América Latina a precios más elevados que los chinos, pero llegan en tres días, y en el caso de perecederos, después de haberse consolidado en Miami que es el gran centro de acopio de perecederos para las islas.

Vender al Caribe se dificulta también a veces por la precariedad de la infraestructura. Los indicadores de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que clasifican a Barbados con un  desarrollo humano ‘muy alto’ y a Trinidad y Tobago y Bahamas en la categoría de ‘Alto’, esconden carencias importantes en estructura de comercio.

Pero quien decida embarcarse en la aventura de vender o invertir en el Caribe sabe que llega a un buen vecindario. El índice de percepción de corrupción de Transparencia  Internacional, por ejemplo, pone a Barbados en el puesto16 entre 183 naciones y a Bahamas en el puesto 21, uno más arriba que Chile que está en el 22. Si además se le suman sol y playas, ese mercado aumenta su apariencia de  lugar de fantasía  para los empresarios.

 

 

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