Venezuela: “Caminamos sobre el filo de la navaja”

Precios en alza, una constante • Foto: Leo Ramirez/AFP/Getty Images/Newscom

Hacer negocios en Venezuela no es para todo el mundo. La tasa de inflación el año pasado llegó al 28 por ciento, la más elevada del continente.

El tipo de cambio y los controles de precios son parte de la revolución socialista del presidente Hugo Chávez, lo que atiza el incremento de precios. En tanto que la escasez de productos y la burocracia de rigor suman costos a la actividad comercial.

Las empresas también tienen que anticipar posibles cambios en las políticas económicas del país, los cuales pueden surgir de un espectro tan amplio que va desde la enfermedad de Chávez hasta las elecciones previstas para el 7 de octubre.  Pero mientras muchos eligen esperar hasta que surja un panorama más claro, Mary Carmen Rincón y su familia están aprovechando la oportunidad y apuestan al potencial de la economía del país, que es la cuarta de sudamérica.

“Vemos una oportunidad aquí”, dijo Rincón, cuya familia es dueña de una empresa de seguros. “Esperamos crecer con la apertura de una concesionaria de autos en la ciudad de Barinas”, en el sudoeste de Venezuela.

La empresa ofrecerá vehículos nuevos y un servicio de posventa, dijo. Su familia se inició en el tema en el 2007 y esperaba abrir un segundo centro de ventas meses más tarde. Pero la fecha se fue posponiendo hasta fines del 2012, debido a la inflación, varias devaluaciones y la escasez de autopartes y materiales. La familia también tuvo que llegar a acuerdos con funcionarios locales, incluidas comunas y cooperativas.

“El costo proyectado de nuestra inversión se ha quintuplicado y más desde que comenzamos”, dice Rincón. “Ese es el costo de hacer negocios en Venezuela hoy”.

Para tener éxito en Venezuela, las compañías tienen que maniobrar con destreza entre los obstáculos económicos. Este año, mientras el gobierno de Chávez incentiva una escalada del gasto antes de los comicios, es particularmente intimidante.  Aunque el Banco Central dice que la inflación de los últimos 12 meses se desaceleró a menos del 20 por ciento anual, pocos confían en ese porcentaje.

Las empresas esperan “una fuerte devaluación del bolívar tras las elecciones”, dijo Jon Moeller, director financiero de  Procter and Gamble en una conferencia con analistas. Ello alimentaría aún más la inflación.

Chávez lanzó el bolívar fuerte con gran fanfarria hace cinco años, cuando se hallaba en 2,15 por dólar. Ahora cotiza en 4,30 y los analistas esperan que una devaluación lo pueda llevar a alrededor de 6 bolívares por dólar. En el mercado negro, los venezolanos ya están pagando 9,5 por cada dólar que compran.

“Caminamos sobre el filo de la navaja”, dijo Raúl Flores, quien administra una empresa de catering en Caracas. “Es una lucha constante para estar a tono con la inflación”.

Flores dice que su empresa aumenta los precios cada tres meses para ser rentable. Y que encontrar insumos es una batalla cotidiana dada la escasez. Pero de alguna manera, Flores tiene suerte. Tiene un producto para vender. Volkswagen desearía poder decir lo mismo.

La concesionaria VW de La Victoria, en el estado de Aragua, en el centro del país, inició sus operaciones en el 2008. Vendían 150 vehículos por mes al comienzo. Lejanos están esos días. “Prácticamente no estamos vendiendo nada ahora”, dijo Bruno Louis, quien administra las operaciones de posventa. Por una simple razón: “VW no obtuvo la autorización del gobierno venezolano para importar suficientes vehículos”.

“Cuando recibe el permiso para ingresar los vehículos al país, los distribuye entre todas las concesionarias”, dijo Louis. “Así que recibimos tres vehículos en marzo y eso fue todo”.

La inflación es una constante, dijo. La escasez de autopartes es habitual.

Los pequeños empresarios son los más afectados.

“Subimos los precios todos los meses”, dijo Jhonny Dos Pasos quien administra el supermercado Los Monjes. “No tenemos opción porque nuestros proveedores ajustan los precios constantemente. Tenemos que trasladar esos aumentos a nuestros clientes”.

Equilibrar los inventarios también es un reto.

“Si mantengo mucho stock, entonces la policía o la agencia de protección del consumidor puede acusarnos de acopio o especulación con los precios”, explica. “Hay que tener cierto stock pero no demasiado”.

En tanto, una eficaz gestión del dinero se ha vuelto esencial para la supervivencia.

“La clave es mantener las cosas en orden y evitar endeudarse en dólares”, opina el tesorero de una multinacional con sede en Caracas, quien habló con la condición de preservar el anonimato.

“Creemos que habrá una devaluación así que es mejor tener deuda en bolívares a largo plazo”. La empresa financia sus costos operativos con el efectivo del que dispone y congeló las inversiones hasta que surja un panorama más claro.  Ocasionalmente vende deuda comercial de corto plazo. “Recurrimos al mercado de vez en cuando pero es más que nada para mantener la presencia”, dijo.

Los mercados de capital venezolanos cayeron en depresión. Las inversiones están paradas por ahora, dijo, mientras la empresa adopta un compás de espera por los comicios y la salud de Chávez.

“Si Chávez pierde las elecciones, no esperamos que (el candidato opositor Henrique) Capriles cambie las cosas de un día para el otro”, dijo. “Pero esperamos que la llamada revolución socialista se frene, se desacelere, o no siga avanzando”.

Capriles ya insinuó que aliviaría los controles cambiarios y adoptaría un enfoque más favorable a los negocios si llegara al gobierno. Igualmente, algunos empresarios son optimistas.

“Creemos en Venezuela y es por eso que invertimos aquí”, dijo Rincón.

—Peter Wilson informó desde Caracas

 

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